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Biblioteca Virtual Hispanica

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Duelo o placer de la escritura


ANTONIO MUÑOZ MOLINA 

08/07/1986 

No todo el mundo incluiría a la escritura en un catálogo de los placeres, tú siquiera de los placeres 
imaginarios. Nuestro tiempo, que exalta groseramen el trabajo y proscribe la indolencia, mal puede 
tolerar el ejercicio de un arte que no sólo es difícilmente regulable por la varia especie de los 
oficinistas, sino que además no sirve paranada. Por eso, igual que un libertino sorprendido en 
trance pecador con una joven cándida elude: la ira de sus perseguidores mintiendo una promesa de 
matrirnonio, el escritor tiende a encubrir el gozo inútil ¿le su oficio inventándole coartadas o 
justificaciones misionales que lo hagan respetable. Desde Flaubert, tal vez desde Baudelaire, el 
ejercicio de la literatura, que antes era un don de la pereza, busca impúdicamente los prestigios del 
sufrimiento y aun de la, maldición, lo cual, si bien se mira, es una extravagancia reciente: entre: los 
antiguos, que admiraron a Sófocles porque vivió 90 años y nunca dejó de ser feliz, la figura de 
Eurípides, hombre huraño y desdichado y cercado por el fracaso, nunca fue emblema del artista, ¡no 
misteriosa excepción.La falacia romántica del artista infeliz es lugar común e incluso artículo de fe 
que no pocas veces certifica la calidad de una biografía y de una obra. Baudelaire había hablado 
siempre de la voluntad como impulso único del genio, pero aún queda en él una certidumbre de lo 
heroico que alza sobre el adivinado suplicio una elegancia de dandy. Balzac, en los tiempos atroces 
en que debía esconderse de los acreedores, se ataba a la pata de la mesa para no rendirse al 
desaliento de la escritura inacabada, pero también sabía vestirse con chalecos de seda y manifestar 
su orgullo de inventor de palabras y mundos en los salones de París. En Balzac, el tormento de la 
escritura sin tregua no era un sombrío don, sino una desgracia inevitable que nunca tuvo nada que 
ver con la gloria y la riqueza que tan desesperadamente deseaba y merecía. La lentitud en la 
escritura pasa por ser un privilegio enigmático, pero Stendhal dio fin a una de las novelas más 
hermosas que se hayan escrito nunca, La Cartuja de Parma, en poco más de 50 días; a Flaubert ese 
tiempo apenas le alcanzaba para terminar un solo capítulo de Madame Bovary. Tres años de asfixia 
dedicó a ella, y cinco a la definitiva Educación sentimental, pero Joyce entregó ocho años a Ulises y 
se le fue la vida en escribir Finnegan`s wake.
Desde Flaubert a James Joycoe se cimentó la teoría de la literatura como sufrimiento, y a la liviana 
imagen de las musas sucedió para siempre la mitología de hombre uncido a su pupitre, de la estéril 
desesperación, de la entrega disciplinaria a una pasión no correspondida que no sacia nunca la 
voluntad de quien escribe y acaba convirtiéndose en una preciada enfermedad del espíritu. En 1605, 
Cervantes decía de la historia de Don Quijote y Sancho que le costó "algún tiempo componerla", y 
señalaba, con su ironía melancólica, las circunstancias propicias para el trabajo literario: "El 
sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las 
fuentes, la quietud del espíritu, son grande parte para que las musas más estériles se muestren 
fecundas y ofrezcan partos al mundo que lo colmen de maravilla y de contento". Cervantes, con el 
delicado pudor de su sabiduría, disimula el esfuerzo que sin duda le ha costado el QuYote porque 
entiende que lo que de verdad importa en la literatura es el placer de quien la escribe o la lee: la 
literatura, como la serenidad de los cielos o el murmurar de las fuerites, es todavía un atributo de la 
felicidad..
Dos siglos después, Flaubeil. señala agriamente que su amor por la literatura se parece al del 
ermitaño por el cilicio que le rasga la piel. Pues quien escribe, dicen, es un solitario mártir de sí 
mismo. Conviene también que para evitar cualquier sospecha de censurable deleite sea un obrero 
de la pluma, amarrado a la mesa de trabajo durante ocho horas para arrancar al papel, en durísima 
greña, una sola línea memorable, una palabra justia. La prueba de que Flaubert tenía razón está en 
Madame Bovary y en La educación sentimental. La prueba de que estaba equivocado son tantos 
novelones de gestación dolorosa y lentísima que lo tienen todo salvo la gracia del estilo, que tal vez 
no nos sea concedido si no lo acucian el trabajo y el desvelo, pero que no siempre: se ofrece a 
quienes más asiduamente lo buscan.
Por eso, frente al impudor de quienes declaran en público los rigores de la literatura y el sufrimiento 
que su cultivo les depara, uno prefiere siempre a esos raros escritores que, como Borges o Juan 
Carlos Onetti, celebran la pereza, la casualidad feliz, la ironía ante su propio oficio, aun sabiendo 
que tampoco en ellos la palabra es un regalo, sino un fruto del coraje y de la voluntad que pueden 
conducirnos al placer o a la desdicha, pero nunca a la vana ostentación de las cicatrices de guerra o 
de cilicio... Nadie elige sufrir, pero hay placeres que uno elige sabiendo con toda la lucidez de su 
conocimiento que deberá pagar por ellos el precio exacto de su valor, la. parte de culpa o de soledad 
que les ha sido asignada. Tierra de nadie, o de todos los hombres, la literatura, que nunca salvó a 
nadie ni estuvo cargada de futuro, es el más riguroso de los placeres solitarios. Pero también el 
único que se dilata generosamente más allá de sí mismo, pues sólo cobra su pleno sentido cuando la 
voz de quien escribe es acogida en el corazón de sus lectores, de un solo lector.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Resumen: Los Girasoles ciegos

Alberto Méndez

 Borra: Los girasoles ciegos El autor Alberto Méndez Borra nació en Madrid en 1941. Estudió bachillerato en Roma adonde se había trasladado su padre, poeta y traductor, no sólo por motivos políticos sino también económicos. Posteriormente se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Méndez, hombre de izquierdas (milita en el Partido Comunista hasta 1982), estuvo siempre vinculado, de una u otra manera, al mundo de la edición. Crea, entre otras, la editorial Ciencia Nueva, colabora con la editorial Montena y también se dedica a labores de guionista de televisión. En el año 2004 publica Los girasoles ciegos, su primer y único libro. Con el ganó el Premio Setenil 2004, al mejor libro de cuentos. Pocos meses después murió sin conocer el éxito, que llegaría con el Premio de la Crítica en el 2005 y el Nacional de Narrativa. La obra: Los girasoles ciegos El libro se compone de cuatro relatos aparentemente independientes, pero que se engarzan y se complementan, aunque solo al final encontraremos la relación que guardan entre sí. La acción se sitúa en distintos momentos entre 1936 y 1942, tras la finalización de la Guerra Civil española. Son sus protagonistas un capitán franquista que renuncia a ganar la guerra, un joven poeta que huye con su compañera a la montaña, un preso que busca la forma de retrasar su fusilamiento y un diácono que se debate entre su vocación sacerdotal y la lascivia, y su activismo e ideales fascistas. Son historias que podrían ser anónimas, tremendamente intimistas y reflexivas que, si no son verdad, todas ellas podrían ser ciertas. El propio autor ha manifestado que, aunque fruto de la ficción literaria, parten de hechos y protagonistas reales conocidos por él mismo a los que les ocurrió algo parecido. Son historias de tiempo de silencio, en el que no se podía decir lo que se sabía. La derrota es el título de cada uno de los relatos y es el verdadero tema de todos ellos. Aunque se toma una posición claramente antifranquista, no se trata de un verdadero alegato político. Es un libro sobre la Guerra Civil que no se centra en la lucha y sus protagonistas, sino en las consecuencias humanas, el sufrimiento y los muertos, en cómo los derrotados fueron perseguidos con saña, un libro donde se reclama la dignidad de los vencidos. Alberto Méndez ha querido rescatar del olvido cuatro historias, cuatro derrotas, que ya se daban por inútiles y olvidadas, pero la guerra deja unas huellas que ni siquiera la victoria puede borrar. Se trata de un libro apropiado para aproximarnos al drama personal que se vivió en aquellos años y pone de manifiesto que es necesario conocer la historia, recuperar la memoria y entender que en una guerra entre hermanos, al final, todos son perdedores; por eso quizás los personajes vencedores a los que se les da voz en la obra aparecen desorientados, perdidos, como los girasoles ciegos. Y, sobre todo, es un buen ejemplo de literatura bien hecha. Alberto Méndez ha preferido el cuento a la novela y así lo manifiesta en el texto de En torno al cuento donde, además de señalar a Borges y Cortázar como sus cuentistas preferidos, apunta las virtudes y defectos del género, señalando que el cuento se caracteriza por su capacidad sintética y desarrollo vertiginoso, porque sólo utiliza los elementos esenciales de la narración: planteamiento sucinto, enredo esquemático, personajes paradigmáticos y desenlace sorpresivo; cuando eso se logra, comenta, se convierte el cuento en un género absolutamente moderno. En sus aspectos formales, no existe en los cuentos un narrador único conocedor de toda la historia; por el contrario, el autor hace uso de distintos modos narrativos: un narrador omnisciente o no, el manuscrito o diario encontrado, el relato autobiográfico en primera persona y la confesión mediante carta a una tercera persona. Cuando distintos narradores coinciden en el mismo relato, se emplean distintos tipos de letra. 1. Primera derrota: 1939 o Si el corazón pensara dejaría de latir En esta primera historia se cuenta cómo un oficial del ejército nacional, harto de crueldad y violencia, se autoelimina por el curioso método de rendirse al bando rojo en la madrugada anterior a la rendición final de las tropas republicanas. El bando franquista, que ocupa inmediatamente Madrid, le fusila, pero el oficial sólo queda herido y deambula unos días sin saber por dónde anda hasta que es detenido de nuevo y entonces le quita el arma a un guardián y se suicida. Cómo en Crónica de una muerte anunciada, la novela de García Márquez, el narrador nos anticipa el final del personaje que «eligió su muerte a ciegas». El relato mostrará cómo llegó a ello. Actividades 1. «Soy un rendido» -dice el capitán Alegría- ¿qué razones da para ello? ¿Por qué un soldado del bando vencedor se rinde al ejército que está a punto de rendirse? 2. ¿Qué datos empezamos a conocer de la vida del personaje? 3. De nuevo se adelanta que el capitán Alegría se encontraría frente al pelotón de fusilamiento, pero ¿conocemos qué ocurrió? 4. El narrador no es omnisciente y emplea la 1 .a persona del plural, un «nosotros» que ha preguntado a testigos, indagado en documentos o que presupone cómo pudieron ocurrir los hechos. De este modo, conocemos las declaraciones del capitán Alegría por acta de juicio sumarísimo que se sigue contra él, ¿qué se dice en su final? 5. Durante el tiempo en que espera encarcelado, escribe a su novia Inés. ¿Qué le dice? ¿A quién había escrito también y para qué? 6. El día 18 va a ser el fusilamiento ¿Qué paso ese día y los siguientes? 7. Conocemos su segunda muerte por la nota hallada en su bolsillo, aunque sólo de modo incompleto ya que no se indican las circunstancias, ¿qué reflexiones hizo en aquella nota? 2. Segunda derrota: 1940 o Manuscrito encontrado en el olvido Esta es la emotiva historia de dos adolescentes que conocemos por el manuscrito hallado por casualidad en 1952 por el editor en el archivo de la Guardia Civil. Señalados con distintos tipos de letra, aparecen el contenido del cuaderno, un diario y la narración de las circunstancias en que fue hallado. Mediante el manuscrito (recurso literario ya utilizado en obras tan célebres como El Quijote), conocemos el diario de un miliciano que murió en su intento de huida, encontrado junto a su esqueleto y el cadáver de un bebé. Por él conocemos cómo el miliciano, apenas veinteañero, admite que le acompañe en su huida su novia embarazada de ocho meses. El niño nace en el camino y la madre muere en el parto. El padre sobrevive unas semanas más, refugiado en el campo junto a unas vacas que le sirven para alimentar al niño. Actividades 8. ¿A quién se refiere el cuaderno y quiénes le acompañan? ¿En qué consiste la situación dramática en la que se encuentra? 9. Que el personaje era poeta queda recogido en varias ocasiones. Cita algunos ejemplos que lo demuestren. Investiga acerca del verso escrito con tizón en la pared, a qué autor pertenece y qué historia narra la obra. 10. El personaje se encuentra obsesionado con la derrota y recuerda los comienzos de la guerra. Anun- cia su muerte y la de su hijo aunque no sabe cómo va ser. ¿Por qué no abandona el monte y se entrega? ¿Cómo sobrevive? 11. Averigua, ya en el final -en la nota del editor-, todos sus datos, su identidad, su nombre, edad... 3. Tercera derrota: 1941 o El idioma de los muertos La tercera historia nos narra las peripecias de un miliciano que -al ser juzgado- confiesa que ha sido sanitario y da a conocer casualmente a un coronel que formó parte del tribunal que conoció a su hijo y estuvo encargado de su cura, antes de que fuera fusilado. La revelación le vale ser apartado de los que van a ser ejecutados de inmediato. El coronel trae a su mujer para que el miliciano le hable del hijo. Este, en lugar de decir la verdad (que era un ladrón y asesino ejecutado como delincuente común), le dice que fue un héroe quintacolumnista y adorna cada uno de los detalles que recuerda de él. La mujer le trae ropa y comida cada vez que viene a hablar con él y así consigue, momento a momento, eludir el pelotón. Sin embargo, acaba por cansarle la situación y decide contarle que su supervivencia está basada en mentiras. En la siguiente entrevista con la madre, revela la verdad sobre el hijo. Enseguida es fusilado. En esta historia, el oficial franquista del primer relato actúa como persone secundario y se nos vuelven a narrar todas sus circunstancias. Actividades 12. El relato mantiene la misma estrategia que el anterior. Se inicia con una afirmación sorprendente, anticipando un final de la historia. ¿Cuál es? 13. La estrategia de Juan Senra para aplazar su ejecución es la misma de Sherezade en Las mil y una noches. ¿Qué salva a Juan Senra del fusilamiento? ¿Dónde se encuentra y quiénes le acompañan? 14. ¿Por qué está detenido? ¿Cómo intenta salvarse? 15. Se intercalan varias historias como la de Cruz Salido, Espoz y Mina y el Rorro, ¿qué valor tiene esta última historia? 18. Ya conocemos del relato anterior a este último personaje ¿de quién se trata? Ahora se acaban explicando los datos que faltaban en aquella historia. 19. Cuando su compañero muere, Juan Senra no lo soporta más, abandona la impostura y rompe el engaño. ¿Cómo finaliza la estrategia que había tramado Juan Senra y su historia? ¿Por qué crees que lo hizo? 4. Cuarta derrota: 1942 o Los girasoles ciegos En este último relato encontramos tres narradores diferentes marcados por distintos tipos de letra: el relato autobiográfico del niño, el narrador y una confesión en la carta con la que se inicia. En la misma se cuenta la historia de un vencido, el padre del niño, un republicano que en los momentos inmediatamente posteriores a la guerra se refugia en un armario de la casa. Un diácono del colegio del niño se encapricha de la madre de este y visita la casa de vez en cuando con la excusa de preocuparse por la educación del chaval y desear enviarle a un seminario. Finalmente, intenta violar a la mujer y el hombre sale del armario para evitarlo. El diácono sale de la casa, llama a la policía y el escondido se suicida tirándose por la ventana delante de su mujer y su hijo. Actividades 18. Observa cómo la acción avanza contada por cada uno de los protagonistas (Lorenzo, Salvador y el narrador). Cada uno aporta su punto de vista y cuenta la historia, avanzando en el tiempo a distinto ritmo. Unas veces coinciden en el tiempo, en otras ocasiones la acción se sitúa muchos años después. Encuentra la justificación del título. 19. En la carta que inicia el relato el personaje cuenta su vida: ¿cómo fue durante la guerra? Y ahora, ¿a qué se dedica? De nuevo los relatos confluyen y se complementan ¿Quién es el niño al que se refiere con tanto interés? 20. El narrador recrea la situación en la que viven el niño y su familia ¿Cuál es? 21. El niño, pasado algún tiempo, ya mayor, recuerda y nos cuenta esos momentos de su vida y la situación de su padre. ¿Cómo actúa el niño dentro y fuera de casa? 22. ¿Qué piensa hacer el padre para escapar de la situación en que se encuentra? ¿Por qué no consiente en separarse de su familia? ¿A qué otra hija hace referencia? 23. ¿De qué conocemos anteriormente a esta chica? Ahora las historias se van complementando. 24. El padre Salvador confiesa aquello que le atormenta: ¿de qué se trata? ¿Por qué se interesa tanto por Lorenzo y por su madre Elena? ¿Qué consecuencias acarrea? 25. Observa las reflexiones del niño sobre la guerra y la relación con su padre. Comenta alguna anécdota en torno a su descubrimiento del mundo de los mayores. 26. Comenta el desenlace de la historia. ¿Qué razones llevan al padre a tomar esa decisión? 27. Prueba a leer ahora, de forma seguida e independiente alguna de las partes, el relato del niño o la confesión del padre Salvador, o el texto del narrador. 28. Localiza el poema «El herido», de Miguel Hernández (El hombre acecha, (1938-39), relaciónalo con el siguiente fragmento y coméntalos: Debimos hacer caso a sus padres, a los que pido perdón por permitir que Elena me acompañase en mi huida. Que te quedes, no te harán daño, le dije. Que te sigo. Que me matan. Que me muero. Hablábamos de la muerte para dejar la vida al descubierto. Pero nos equivocábamos. Nunca debimos emprender un viaje tan interminable estando ella de ocho meses. El niño no vivirá y yo me dejaré caer en los pastos que cubrirá la nieve para que de las cuencas de mis ojos nazcan flores que irriten a quienes prefirieron la muerte a la poesía. ¡Miguel, se cumplirá tu profecía! i Dónde estarás ahora, Miguel, que no puedes consolarme? Daría una eternidad por poder escuchar otra vez tus versos líquidos, tu palabra templada, tus consejos de amigo. Quizás tanto dolor me convierta en un poeta, Miguel, y puede que ya no tengas que rezumar tanta benevolencia. ¿Recuerdas cuando me llamabas el arquero proletario? Elena te quería por eso y te seguirá queriendo aunque esté muerta. (pág. 43) EL HERIDO Para el muro de un hospital de sangre. I Por los campos luchados se extienden los heridos. Y de aquella extensión de cuerpos luchadores salta un trigal de chorros calientes, extendidos en roncos surtidores. La sangre llueve siempre boca arriba, hacia el cielo. Y las heridas suenan, igual que caracolas, cuando hay en las heridas celeridad de vuelo, esencia de las olas. La sangre huele a mar, sabe a mar y a bodega. La bodega del mar, del vino bravo, estalla allí donde el herido palpitante se anega, y florece, y se halla. Herido estoy, miradme: necesito más vidas. La que contengo es poca para el gran cometido de sangre que quisiera perder por las heridas. Decid quién no fue herido. Mi vida es una herida de juventud dichosa. ¡Ay de quien no esté herido, de quien jamás se siente herido por la vida, ni en la vida reposa herido alegremente! Si hasta a los hospitales se va con alegría, se convierten en huertos de heridas entreabiertas, de adelfos florecidos ante la cirugía. de ensangrentadas puertas. II Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida. 29. Partiendo de las consecuencias de la guerra para los personajes, como el joven Eulalio Ceballos y el profesor Ricardo, relacionados con la literatura, comenta este aspecto: persecución y el exilio de los escritores en la historia de la literatura española de posguerra. 30. Redacta un comentario crítico del libro a partir de los siguientes temas sacados de fragmentos del libro: 1. La crueldad de la guerra más allá de la victoria. Preguntado el declarante acerca de si son las gloriosas gestas del Ejército Nacional la razón para traicionar a la Patria, responde: que no, la verdadera razón es que no quisimos entonces ganar la guerra al Frente Popular. Preguntado que si no queríamos ganar la Gloriosa Cruzada, que es lo que queríamos, el procesado responde: queríamos matarlos. (pág. 28) 2. El miedo y el silencio. Escondidos el uno en el otro hablaron del miedo, de Lorenzo y su entereza cómplice, de Elena huida, de la necesidad de no caer en el desánimo. -No es eso, Elena, es estupor. No por haber perdido una guerra que ya estaba perdida el día en que empezó, es otra cosa. -¿El qué? -Que alguien quiera matarme no por lo que he hecho, sino por lo que pienso....y, lo que es peor, si quiero pensar lo que pienso, tendré que desear que mueran otros por lo que piensan ellos. Yo no quiero que nuestros hijos tengan que matar o morir por lo que piensan. (pág. 129) 3. La muerte de inocentes ajenos a los intereses de la guerra.